Ginebra, 19 marzo de 2009 -- Según un , nuevo estudio de la UNCTAD (1) , la especulación autosostenida en bienes raíces, divisas y productos básicos a través de complejos instrumentos financieros, en una situación en que no era posible determinar los precios correctos, condujo a un divorcio de la economía "real", y el estallido de esas burbujas especulativas hizo inevitable la crisis financiera mundial.
El comportamiento gregario que caracterizó esas posiciones especulativas no fue sometido a regulación alguna. Es necesario introducir en los sistemas financiero y monetario internacionales reformas que hagan posible una intervención pública y una supervisión internacional adecuadas para evitar que en el futuro esos sistemas puedan llegar a alejarse tanto del equilibrio.
"Las Naciones Unidas deben desempeñar un papel esencial en ese proceso de reforma, no sólo porque son la única institución capaz, por su carácter universal y su credibilidad, de dar legitimidad y viabilidad a un sistema de gobernanza reformado, sino también porque cuentan con probada capacidad para realizar análisis imparciales y formular con pragmatismo recomendaciones normativas en esta esfera".
El informe, titulado La crisis económica mundial: fallos sistémicos y remedios multilaterales, se ha publicado hoy. Ha sido redactado por un grupo de economistas integrantes del Grupo de Trabajo sobre cuestiones sistémicas y cooperación económica, de la secretaría de la UNCTAD, en el marco de la preparación de diversas conferencias internacionales sobre la crisis económica mundial.
La desregulación financiera, impulsada por una fe ciega en las virtudes del mercado, permitió el surgimiento de formas de innovación financiera que estaban totalmente desvinculadas de las actividades productivas en la economía real, sostienen los expertos de la UNCTAD. Esos instrumentos propician actividades especulativas que se basan en información aparentemente convincente pero que es poco más que una extrapolación al futuro de las tendencias observadas. "De esa manera puede sostenerse a sí misma -durante algún tiempo- una actividad especulativa basada en la expectativa de rentabilidades excesivamente elevadas", pero, como se señala en el informe, la realidad del crecimiento lento de la economía real, en la que se requiere inversión para generar aumentos de los ingresos reales, termina imponiéndose a las ilusiones de especulación financiera sin riesgo.
El súbito y casi simultáneo hundimiento de las posiciones especulativas en todos los mercados financieros mundiales puede haber sido desencadenado por el estallido de la burbuja inmobiliaria de los Estados Unidos. Sin embargo, otras burbujas, como las relacionadas con la especulación en divisas y productos básicos como el petróleo, también eran insostenibles, y habrían estallado tarde o temprano aun sin el detonante de la crisis hipotecaria estadounidense.
De no mediar la avaricia humana, la crisis no se habría manifestado tan violentamente, y las reglamentaciones y las políticas prácticas deberían haber previsto la existencia de comportamientos avariciosos y cortos de miras. La experiencia ha demostrado que los mercados financieros no funcionan bien sin una regulación eficazmente diseñada y aplicada: "ahora sabemos que los participantes en los mercados financieros no sólo desconocen la situación de equilibrio, sino que siguen pautas de conducta que tiende sistemáticamente a alejar del equilibrio los precios financieros. Los gobiernos tampoco conocen la situación de equilibrio, pero son en última instancia los mejor situados para determinar cuándo está el mercado en desequilibrio".
En una economía globalizada, las intervenciones en los mercados financieros exigen la cooperación y la coordinación de las instituciones nacionales y la existencia de instituciones especializadas con un claro mandato de supervisión internacional.
Para afrontar el siguiente embate de la crisis será fundamental estabilizar los tipos de cambio mediante una intervención pública directa y coordinada, apoyada por mecanismos de supervisión internacional. Los gobiernos no han de confiar en la capacidad de autorregulación del mercado, y las instituciones internacionales no deben condicionar su asistencia financiera de emergencia a los países afectados por la crisis a la aplicación de políticas procíclicas tales como recortes del gasto público o incrementos de los tipos de interés, que resultarían perjudiciales en la actual situación.
El informe recomienda que el exceso de actividad financiera especulativa se aborde en forma integrada. Señala que si sólo se introducen reglamentaciones nacionales para impedir el surgimiento de burbujas inmobiliarias y la creación de instrumentos financieros de alto riesgo no se conseguirá sino intensificar la especulación en otros ámbitos, como las bolsas. Y, al prevenirse la especulación sobre divisas mediante un nuevo sistema monetario mundial con mecanismos de ajuste automático de los tipos de cambio, puede ocurrir que la especulación en busca de ganancias rápidas se reoriente hacia los mercados de futuros de productos básicos y aumente su volatilidad. Análogamente, el éxito de una región en la lucha contra la especulación puede colocar a otras regiones en el punto de mira de los especuladores. "Si no se cierra el gran casino, no habrá solución duradera".
La especulación que termina apostando sostenidamente al aumento indefinido de los precios no sólo no tiene efectos estabilizadores, sino que desestabiliza los precios. La condición fundamental para que la especulación resulte estabilizadora es que se conozca el precio "verdadero" en una economía mundial caracterizada por la incertidumbre objetiva. Sin embargo, no es posible determinar ese precio "verdadero" en mercados arrastrados por una espiral ascendente y caracterizados por expectativas uniformes, pero equivocadas, sobre las tendencias a largo plazo de los precios. Durante el reciente auge especulativo, muchos agentes que disponían de grandes sumas de dinero apostaron al mismo resultado "plausible", y vieron sus expectativas confirmadas por los medios de difusión, por los analistas a los que se suponía expertos, y por los políticos que respetaban sus opiniones. No existían instrumentos de regulación, y apenas mecanismos de supervisión, que pudieran detener la espiral ascendente y desmentir la falacia de ganancias sin riesgo.
Apuntes
1. El informe, titulado La crisis económica mundial: fallos sistémicos y remedios multilaterales, (Nº de venta: NoE.09.II.D.4, ISBN 978-92-1-112765-2) puede adquirirse en las oficinas de venta de las Naciones Unidas, en las direcciones indicadas a continuación, o de los agentes de venta de las Naciones Unidas en muchos países. Precio: US$22; precio especial para los residentes de los países en desarrollo, de Europa sudoriental y de la CEI: US$11, y para los residentes de los países menos adelantados: US$6,50. Sírvanse enviar los pedidos o consultas para Europa, África y Asia occidental a la Sección de Publicaciones y Ventas de las Naciones Unidas, Palacio de las Naciones, CH-1211 Ginebra 10, Suiza, fax: +41 22 917 0027, correo electrónico: unpubli@un.org y para América y Asia oriental, a Publicaciones de las Naciones Unidas, 2 UN Plaza, DC2-853, Nueva York, NY 10017, Estados Unidos de América, tel: +1 212 963 8302 ó +1 800 253 9646, fax: +1 212 963 3489, correo electrónico: publications@un.org; Internet: http://www.un.org/publications.
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